Ruanda acoge el Mundial de Ciclismo: la historia que debes leer antes de la primera pedalada
Este domingo, el gran circo del ciclismo profesional planta su carpa en Ruanda para celebrar los Mundiales. El pelotón internacional se enfrentará a la famosa «Tierra de las Mil Colinas», un paraíso para los escaladores y una pesadilla para los muchos ciclistas que se han quedado en casa. Pero más allá del espectáculo deportivo, este evento tiene un peso histórico y emocional inmenso para la nación anfitriona. Para no quedarnos solo con los vatios y los tiempos por kilómetro, para entender de verdad el alma de esas carreteras, hay una lectura que es, sencillamente, obligatoria: La Tierra de las Segundas Oportunidades de Tim Lewis.
Publicado en castellano por la editorial Libros de Ruta, este libro es mucho más que la crónica de un equipo ciclista. Es un viaje al corazón de un país que decidió ponerse en pie pedaleando. El periodista Tim Lewis no se conforma con contarnos quién ganó qué carrera; se sumerge en las vidas de sus protagonistas para tejer un relato conmovedor sobre cómo sanar las heridas de un genocidio puede empezar con algo tan simple y tan puro como el giro de una biela.
La historia se sostiene sobre un trío de personajes tan improbable que si lo propusieras para una película, un productor de Hollywood te diría que es demasiado increíble… Bueno, hay un documental basado en esta historia y se rumoreó que Hollywood se iba a lanzar con una superproducción. Pero habrá que esperar. Quedémonos con el libro. En el centro de todo está Adrien Niyonshuti, un superviviente en el sentido más literal de la palabra. Con solo siete años, vio cómo el genocidio de 1994 le arrebataba a sesenta miembros de su familia. Casi dos décadas después, estaba en la línea de salida de los Juegos Olímpicos de Londres, cumpliendo un sueño que él mismo resumió a la perfección: «que el ciclismo le proporcionase al mundo algo con lo que identificar a Ruanda, un motivo diferente que no fuera el genocidio».
Pero un soñador necesita arquitectos. Y aquí entran los otros dos protagonistas. Por un lado, Jock Boyer, el primer estadounidense en correr el Tour de Francia, un pionero convertido en el entrenador espartano del Team Rwanda. El libro no endulza su pasado —Boyer fue condenado por un delito sexual—, sino que lo presenta como parte de su propia y compleja búsqueda de redención. Su disciplina férrea no era solo para sus ciclistas; era el andamio de su propia reconstrucción.
Y por otro, Tom Ritchey, uno de los padres fundadores del mountain bike. Lewis lo retrata como el pragmático y casi obsesivo «General Motors» de la fabricación de cuadros, un genio de la ingeniería que, a pesar de su éxito, se vio sumido en una profunda crisis de las de «tengo todo el dinero del mundo, ¿y ahora qué?». En Ruanda encontró un propósito que el dinero no podía comprar, inspirando el proyecto que Boyer se encargaría de materializar.
Juntos, este superviviente, este pionero caído y este inventor en crisis, crearon algo más grande que un equipo. Crearon un símbolo. En un país desesperado por encontrar héroes y forjar una nueva identidad, cada pedalada del Team Rwanda era un paso lejos del horror. Lewis captura momentos de pura magia, como la victoria de Joseph Biziyaremye en el Tour de Ruanda de 2011, que desató una euforia nacional y demostró que la bicicleta era el vehículo perfecto para empezar de nuevo. Como dijo The Guardian, es «una historia sobre el potencial del ciclismo africano y su indudable capacidad para cambiar vidas».
Entonces, ¿por qué leerlo precisamente ahora? Porque cuando veas al pelotón ascender por esas colinas sinuosas durante el Mundial, tu experiencia será radicalmente distinta. Recordarás que en esas mismas laderas, el tío de Adrien defendió una iglesia con un arco y una flecha. Entenderás que cada ciclista ruandés en la carrera no solo carga con sus propias esperanzas, sino con la historia de toda una nación.
Este libro no solo le da contexto al Mundial; le da alma. Así que hazte un favor: no te limites a ver la carrera, compréndela. Lee el libro.



El verano ciclista empieza cuando lo hace el Tour. Ni antes ni después. Y este año, el banderazo de salida será el 5 de julio, en Lille, capital del norte de Francia y puerta de entrada a un mes de curvas, ataques, gestas, caídas, crónicas y televisión encendida desde la sobremesa hasta la llegada. Si en 2023 salimos de Bilbao y en 2024 lo hicimos de Florencia, este 2025 el Tour vuelve a casa. Pero lo hace a lo grande, en un terreno que respira ciclismo desde hace más de un siglo, con la sombra de Roubaix a pocos kilómetros y el viento como juez desde el primer día.
Hoy se ponía a la venta en librerías de toda España un libro muy especial. Se trata de 
