El Tour llega precedido de numerosas novedades

LA RUEDA DE LA MENTIRA, la biografía más completa sobre Lance Armstrong

La semana que viene publicamos un nuevo libro. No se trata de un libro cualquiera. En esta ocasión, os traemos una biografía de Lance Armstrong, un personaje tan admirado como odiado. Se trata de la biografía más completa publicada hasta la fecha en castellano sobre su vida. Publicado originalmente en los Estados Unidos, se trata de la historia definitiva de su ascenso a la gloria deportiva y descenso a los infiernos. Lo escribe con todo detalle, Juliet Macur, periodista del New York Times.

En junio de 2013, cuando Lance Armstrong abandonó su palaciega residencia en Texas, acosado por multimillonarias demandas en su contra, Juliet Macur se encontraba allí con él, hablando con su novia e hijos, y escuchando la versión de la verdad de Lance Armstrong. Ella fue una de las pocas periodistas, además de Oprah Winfrey, en tener acceso directo al paria más famoso del deporte.

En el centro de La rueda de la mentira se encuentra el propio Armstrong, a través de entrevistas personales. Pero la narrativa del libro se despliega para añadirle profundidad y extensión a través de los relatos en primera persona de más de cien testigos, incluyendo miembros de su familia a los que Armstrong dio la espalda hace tiempo, como el padre adoptivo que le dio su apellido, su abuela o su tía. Tal vez, el relato más abrumador es el testimonio grabado de J.T. Neal, una de las personas más influyentes entre las diferentes figuras paternas que Armstrong tuvo, grabado durante los últimos años de la vida de Neal, cuando perdió su batalla contra el cáncer justo cuando Armstrong se hacía famoso por sobrevivir a la enfermedad.

Al final, fueron los antiguos amigos de Armstrong, aquellos que disfrutaron de un preciado lugar dentro de su círculo más estrecho los que le traicionaron. Fueron ellos los que le asestaron el golpe final, rompiendo el código de silencio que blindaba la triste verdad del ciclismo del público, y la triste verdad sobre su chico de oro, Armstrong.

Hilando las dispares y vívidas voces de las personas con un conocimiento profundo tanto del Armstrong más público como del privado, Macur teje un completo e inolvidablemente rico tapiz del asombroso ascenso de un hombre a la fama mundial y la fortuna, y su devastadora caída en desgracia.

 

RESEÑAS

“En La rueda de la mentira Juliet Macur desentraña la vida de falacias de Lance Armstrong… y descubre algunos macabros nuevos esqueletos” (The Guardian)

“Un convincente relato… es un libro escrupulosamente bien documentado y presentado…una búsqueda para comprender al hombre detrás del mito  (New York Times)

“Un fascinante relato de la implosión de Armstrong… una historia que podría haber sido sacada de una tragedia de la antigua Grecia; el semidiós que comete un error fatal” (Toronto Star)

 

AUTORA 

Juliet Macur es una galardonada periodista deportiva del New York Times, donde ella escribe en la columna Sports of the Times. Ha escrito extensamente en dicho periódico sobre Lance Armstrong, el ciclismo y el dopaje. Sus trabajos se han incluido en dos ocasiones en la antología de mejores escritos deportivos americanos Best American Sports Writing, y en el año 2016, la Associated Press Sports Editors la nombró como una de las mejores cronistas deportivas de los Estados Unidos.

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NOVEDAD: «La etapa decimocuarta» de Tim Krabbé. Adelanto editorial

La semana que viene sale a la luz La etapa decimocuarta. Este libro es una antología de las columnas y textos breves que el escritor neerlandés Tim Krabbé ha escrito de ciclismo durante los últimos treinta y cinco años, muchos de ellos en el periódico NRC Handelsblad, pero también en otros medios especializados como Wieler Revue, De Muur y Soigneur. Parte de estos textos, los más antiguos, se habían publicado en los Países Bajos bajo el título 43 Wielerverhalen (43 Historias de ciclismo) en 1984, libro inédito en España-

Esta primera selección de cuarenta y tres textos se complementa con textos más tardíos, y otros que el autor pasó por alto en la primera antología; en conjunto, setenta y una historias de ciclismo. En ellas, Tim Krabbé escribe sobre sus vivencias como ciclista aficionado (llegó a disputar más de 1.000 carreras), nos trae la historia del ciclismo repasando grandes momentos de la competición profesional y describiendo a grandes campeones, a la vez que aporta numerosas reflexiones personales. En conjunto, es un retrato apasionado y personal de su visión del ciclismo y la vida, con un estilo que recuerda en ocasiones a su gran novela El ciclista.

Tim Krabbé (nacido el 13 de abril de 1943 en Ámsterdam) es un novelista neerlandés cuyos escritos han aparecido en muchos de los principales periódicos de los Países Bajos. Es conocido por los lectores neerlandeses por su novela El ciclista (De Renner), publicada por primera vez en 1978. Además de por este título traducido en 2010 al castellano, en España se le conoce fundamentalmente por La desaparición (Het gouden ei), que fue llevada al cine con el título de The Vanishing (Krabbé escribió el guion). Otras obras traducidas al castellano son La cueva (De grot) y La hija de Kathy (Kathy’s Dochter).

Apasionado del ciclismo, Krabbé ha competido en amateurs y veteranos. También ha jugado campeonatos de ajedrez y es conocido por sus escritos en la materia y por mantener una web de ajedrez.

Como adelanto, os dejamos una de las historias que forman parte del libro, escrito por Krabbé en el año 1981.

Policía moral
(1981)

En la París-Bruselas de hace dos semanas, Roger de Vlaeminck no pudo contenerse. Se dirigió hacia Hinault, le señaló las mejillas y las piernas, y le preguntó que qué pasaba. Hinault no se había afeitado, y lo que era peor todavía, tampoco se había rasurado las piernas.

«Vacaciones», respondió Hinault.

Mis recuerdos me llevan ocho años atrás. En Kerkdriel, en algún lugar remoto de Brabante, iba a correr mi último critérium de la temporada. Me presenté en la salida con ganas de lucha; pero de allí no iba a pasar, me dejó claro un comisario de carrera. Llevaba calcetines de color morado, y como el reglamento obligaba a llevar calcetines blancos, él se veía obligado a excluirme de la competición. Por más que supliqué, no existe sobre la tierra nada más estricto que un comisario deportivo con el reglamento en la mano. Que yo hubiese hecho todo el viaje desde Ámsterdam no lo conmovió ni para consultar ese reglamento, por si hubiese alguna cláusula con excepciones.

Un ciclista amigo me prestó las llaves de su coche y me dijo dónde tenía sus calcetines blancos de reserva; conseguí cambiármelos antes del pistoletazo de salida.

Por aquel entonces yo corría también con las piernas sin afeitar, lo que el reglamento permitía. Todos los demás ciclistas se afeitaban las piernas; a mí me parecía una tontería. Ellos daban tres razones para ese afeitado: con las piernas afeitadas, el masaje era más fácil y la posibilidad de infecciones en caso de caída menor. Esas eran las razones serias. La tercera razón se daba siempre con un plazo de reflexión tanto más corto por cuanto que esa debía ser la correcta, la única: «queda mal». Simplemente, no resultaba pulcro, y aunque esta es una cuestión puramente personal, a mitad de mi segunda temporada yo también empecé a considerar que un ciclista debe tener un aspecto pulcro, y a afeitarme por tanto las piernas. Sin adoptar de inmediato todos los principios del coco de Kerkdriel*, me pareció que era ciertamente injusto querer aprovecharse de lo que te puede ofrecer un grupo si tú no estás dispuesto a llevar los colores de dicho club, por así decirlo.

Piernas afeitadas en primer lugar, zapatillas limpias, una bicicleta lustrosa, calcetines blancos, en resumen: pulcro. El pelo largo está por supuesto completamente descartado («¡Eh, tú, ten cuidado de que no se te metan los pelos entre los radios!»), y el tiempo que se ha hecho esperar la aparición del bigote en el pelotón ha sido reconfortantemente largo; si los futbolistas eligen para sí mismos una imagen personal que se tenía por progresista diez años atrás, este retraso es entre los ciclistas de por lo menos veinticinco años.

En el pelotón, de hecho, funciona algo similar a una policía moral. Una vez que hube comprendido el significado y la importancia de tener un aspecto pulcro, yo también formé parte de ella. Si demarraba un ciclista y yo veía por casualidad, de pasada, que tenía las piernas sin afeitar, por lo que a mí respecta la posibilidad de que se le diese caza enseguida era mayor que la de un ciclista pulcro, como es debido. ¿Quién le otorgaría la victoria a alguien que piensa que se puede postular tan abiertamente fuera del orden establecido? El deporte exige al fin y al cabo conformismo, para eso está el deporte: existe una manera muy precisa de distinguirte, así que deben omitirse todas las demás.

De Vlaeminck debió de hacerle pues esa pregunta a Hinault en calidad de brigadier de la moral. Era un reproche. No afeitándose las piernas, el gran campeón daba a entender que no participaba realmente en la competición, devaluando así la hazaña del futuro vencedor.

*Nota del traductor: Se refiere al entrenador Egon van Kessel.

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