Samuel Sánchez visto por Ainara Hernando (Ciclismo a Fondo)

1. ¿Cómo definiría en una frase al ciclista asturiano?

– Como ciclista no hace falta definirlo, todo el mundo sabe la calidad y la clase que tiene. De él destacaría su profundo respeto, su educación, su cortesía y su amabilidad y disponibilidad. Es de los pocos corredores en el pelotón con los que tienes la sensación de que al pedirles algo, una entrevista, una sesión de fotos, preguntas rápidas después de una carrera, respeta enormemente tu profesión y te da un trato exquisito y súper correcto, muchísimo más que la mayoría. Además de eso, sus respuestas. Siempre me ha gustado cómo razona cuando te da su opinión o sus ideas sobre algo. La forma en la que se explica y defiende lo que opina.

2. ¿Qué momento del ovetense le ha hecho disfrutar más?

– Pekín 2008, aunque lo viví desde la distancia, per escribir aquella crónica después de toda la noche sin dormir, siguiéndolo por televisión y después encender el ordenador para poner con palabras toda esa emoción…recuerdo con especial intensidad esa crónica, tenía mucha emoción dentro para poner en palabras gracias a su victoria.

3. Cuente alguna anécdota, historia o gesto que recuerde con especial cariño de Samu.

– Recuerdo una entrevista que fuimos a hacerle a su casa antes del Tour de Francia hace dos años. En vez de ir en coche desde Vitoria miré el transporte público que había hasta Oviedo y las opciones eran en autobús o en tren. Deseché el autobús porque eran muchas horas y mucha paliza y me quedé con la opción del tren, que daba más vuelta, pues tenía que ir hasta Palencia y después para Asturias porque no hay vías ferroviarias entre Vitoria y Oviedo por la costa. El caso es que en León, recién subida en el segundo tren, anuncian que iba a parar por la huelga de los mineros y que no iba a salir de allí con una hora fija. La estación era un caos, eran las tres de la tarde y yo había quedado con Samuel a las seis en su casa. Al final, desde la revista me alquilaron un coche que tuve que esperar hasta las cuatro, cuando abrían la oficina para recogerlo.

Entre toda la gente que nos quedamos allí tirados y el tiempo, estuve hablando con tres estudiantes que venían de Madrid y volvían esos días a pasar unos días a su casa, a Oviedo. Los metí en el coche conmigo y los dejé en sus casas.

A todo esto, a Samuel se lo iba contando, llamándole y escribiéndole, muy agobiada y él no paraba de repetirme que estuviera tranquila, que no me estresara (yo con el corazón en un puño), que cuando llegara, fuera la hora que fuese me esperaba y hacíamos la entrevista. Al final, apreté un poco el acelerador y poco antes de las siete, con el corazón latiendo a mil por hora, estaba en la puerta de la casa de Samuel.

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